


El bruxismo es una actividad parafuncional que consiste en apretar y rechinar los dientes.
En un estudio correlacional realizado por Flora María Domínguez Medina, donde se analizaron diferentes variables psicológicas en personas que padecían bruxismo. Se determinó que los individuos con un aumentado Índice de Reactividad al Estrés (IRE) presentan un número mayor de signos y síntomas de bruxismo, lo que sugiere que el estrés puede tener influencia en su desarrollo.
El bruxismo nocturno, que sufre el 70% de la población, es el que ocurre durante el sueño, posiblemente tenga una función reguladora relacionada con el proceso cognitivo, emocional y motor que lo generó. Por eso, posiblemente, a parte del posible desgaste de los dientes, no tengamos que darle mayor importancia ni incidir demasiado sobre él, ya que su razón de ser es reguladora.
El mayor problema aparece cuando la conducta de bruxar se mantiene en el tiempo y se genera así un hábito que sigue durante el día. En estos casos, el propio hábito de bruxar diurno podría ser por sí mismo otro potencial activador de ciertos parámetros relacionados con el sistema nervioso que facilitarían la aparición del estrés y tensiones musculares asociada.
La tensión mandibular mantenida podrá afectar a los músculos ECOM (esternocleiomastoideo), temporales, suboccipital, supra e infrahioideos, etc. Si además le sumamos una mala oclusión con cierta asimetría de presión (derecha-izquierda) en la mordida, la tensión asimétrica, facilitará la aparición de alteración de la postura de la cabeza con las alteraciones mecánicas cervicales que eso genera.
Todo esto facilita la aparición de cuadros de dolor y tensión cervical, sobre todo, en la zona suboccipital y en muchos casos dolor de cabeza. También se verán afectadas la movilidad diafragmática y pélvica, a parte de diferentes compensaciones mecánicas. Pero de eso ya hablaré en otro momento. Este cuadro implica una activación simpática y del eje hipotálamo hipofisario adrenal, generando de esa manera un estado de alerta.
Lo importante es darnos cuenta de si bruxamos o no durante el día, ya que, este tipo de tensión mandibular mantenida es la que mayores problemas secundarios genera ,ya sea a nivel de la musculatura del cuello, cabeza, pelvis, diafragma, etc.
El tipo de oclusión también es importante y saber si es secundaria a alteraciones biomecánicas de la columna cervical o no también será de vital importancia para ver el tipo de tratamiento que se necesita.
Una valoración osteopática adecuada ayudará a identificar el mecanismo de lesión para poder trabajarlo. Si además le sumamos una valoración del sistema nervioso y analizamos los factores que facilitan este hábito de bruxar, estaremos sumándole un plus al tratamiento osteopático de base y finalmente, si se dan unas pautas adecuadas, estaremos dando una continuidad al tratamiento ofreciéndole nuevos recursos al cliente para poder afrontar su problema. De esta manera se conseguirán mejores resultados y que estos sean más duraderos.
Si tienes cualquier duda consúltame, estaré encantado de ayudarte.



