


Los dolores de cabeza son una molestia desgraciadamente común, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), el 49% de la población los padece.
El dolor de cabeza es uno de los dolores más desagradables y molestos.
Existen diferentes tipos de dolor de cabeza, pero el más habitual es el dolor de cabeza tensional. Este suele estar asociado al estrés y las tensiones acumuladas.
La parte muscular asociada al dolor de cabeza tensional suele ser la musculatura cervical, suboccipital, mandibular y temporal. El diafragma suele tener poca movilidad y el sistema nervioso autónomo tiende a tener elevada su actividad simpática. Las articulaciones asociadas estarán afectadas teniendo limitada su movilidad.
Existen diferentes factores que pueden causar el dolor de cabeza tensional, pero en este caso me centraré en cómo las autoexigencias pueden generar este problema ya que funcionan como generadoras de estrés mantenido.
En el día a día tenemos responsabilidades de diferente índole, trabajo, hogar, familia, hijos… A los que les sumamos los objetivos que nos marcamos a corto, medio y largo plazo. Estos objetivos la mayoría de veces no son coherentes con relación al tiempo disponible, recursos, etc…
Si además le sumamos el perfeccionismo, que cada vez es más habitual entre las personas, todo esto genera un cóctel de obligaciones, muchas autoimpuestas (autoexigencias), que son imposibles de satisfacer. Es entonces cuando se ponen en marcha diferentes mecanismos activadores.
La experiencia corporal de estos mecanismos ocurre instantáneamente. La musculatura se tensa a causa de la descarga simpática en la placa motora terminal y la activación del eje Hipotálamo-Hipofisario-Adrenal (adrenalina y cortisol). La tensión muscular aparece para prepararnos para la acción y se mantendrá hasta que la situación de exigencia disminuya.
Si este estado se mantiene en el tiempo podrán aparecer, además de dolor de cabeza, dolores en diferentes partes del cuerpo. El propio dolor, generado por el aumento de tensión muscular mantenida, puede generar su propio bucle de retroalimentación y funcionar como un potencial estresor que activa por sí solo tanto la activación simpática como la del eje Hipotálamo-Hipofisario-Adrenal.
En esos estados, como sucede también con el estrés, nuestro cuerpo genera exceso de cortisol mantenido, que entre otras cosas, frena la capacidad de la regulación inflamatoria en el organismo e implica que los niveles de serotonina y dopamina sean más bajos.
Esto se traduce en que cualquier lesión o proceso inflamatorio que aparezca tendrá una recuperación más lenta y que los bajos niveles de serotonina y dopamina afecten a nuestro estado de ánimo.
Si padeces dolores de cabeza y no encuentras la manera de que te mejore quizá es el momento de buscar un nuevo recurso.
Con un trabajo osteopático en el que se incida, además de la estructura y los tejidos, en la regulación del sistema nervioso, se puede conseguir una mejora o desaparición de los síntomas.
Si los padeces, consúltame.



